jueves, 22 de septiembre de 2016

Reencuentro

Kannen bajó del avión, se colgó su mochila sobre el hombro y notó que el nudo que tenía en el estómago desde que subió no había mejorado. No había viajado mucho en su vida, pero jamás lo había pasado tan mal como en este vuelo. Había sido un trayecto tranquilo, sin turbulencias y para suerte de Kannen, el asiento que tenía a su lado iba vacío. No obstante, tuvo escalofríos, dolor de cabeza, arcadas y hasta llegó a vomitar. Los auxiliares de vuelo y la gente que tenía a su alrededor le miraron raro.
Estaba histérico porque iba a ver por fin a Yoko. Había pasado más de un año desde que rompieron y desde el momento en que ella se marchó, todo había ido del revés. Cuando ella le dijo que necesitaba marcharse y que debía ser lejos, él no se lo esperaba. Kannen tenía claro lo que quería hacer en el futuro. Su vida no había sido nada fácil y siempre había acudido a la música como vía de escape. Por muchos cambios que viviera y muy mal que le fueran las cosas, tocar había sido su constante. Con su guitarra se sentía seguro, quizá algunos podrían decir que se sentía como si fuera otra persona, aunque en realidad era más él que nunca. Hasta que conoció a Yoko. Nunca se había sentido tan querido. Jamás había conectado así con otro ser humano, por lo que no sabía qué esperar, cómo actuar, así que se dejó llevar. Tuvieron una relación intensa, pero Yoko también tenía sus problemas...
Kannen no supo reaccionar cuando Yoko le pidió que se fuera con ella. Su parte más pasional le decía: "¡vámonos!" Su egoísmo le susurraba: "¿por qué no se queda y ya está?" Pero sobre todo, su parte racional le hizo pensar: "yo quiero seguir tocando y ahora estoy empezando en mi carrera". Yoko no le dejó mucho tiempo para pensar, necesitaba una respuesta rápida, así que no pudo valorar sus sentimientos encontrados. Kannen optó por su carrera, porque siempre había sido una constante en su vida, sin tener en cuenta que desde que conocía a Yoko, no había vuelto a necesitar refugiarse en la música.
En cuanto Kannen no tuvo a Yoko a su lado, la música no le sirvió de consuelo. Cada nota que salía de su guitarra era como un puñal que se le clavaba en el alma, pues ella no estaba allí para escucharla. Cada concierto que les salía, era un infierno, ya que se veía obligado a tocar para desconocidos, gente que no le quería, que no le apreciaba, gente que no iba a sentir lo que ella sentía cuando le oía tocar.

Pero por fin había decidido enmendar su error. No debía volver a quedar atrapado en recordar una y otra vez lo ocurrido. Su amigo Mark le vino a la cabeza, repitiéndole que el pasado era pasado y que si no miraba hacia el futuro, éste nunca llegaría. Sacó de su bolsillo el papel con la dirección de Yoko y se acercó a un Taxi, rezando por que hablara algo de inglés.

Como se suele decir, a la tercera va la vencida y Kannen se encontró a un taxista hindú que había estado viviendo 5 años en Manchester y en un montón de sitios más. Por desgracia, a pesar de haberle contado media vida, no le advirtió que la carrera iba a salirle tan cara y después de dejarle frente al portal de Yoko, Kannen se quedó sin euros.
El chico bajó del Taxi con su mochila sobre el hombro y acto seguido comenzaron a temblarle las piernas. ¿Y si todo ese plan improvisado había sido una mala idea? No hacía ni 24 horas estaba en su piso y ahora de repente se encontraba frente al bloque de apartamentos donde vivía Yoko. ¿Y si rechazaba verle, igual que había rechazado hablar con él por teléfono? Ni siquiera se había parado a pensar en la reacción que podría tener al encontrarse frente a él. Lo había evitado a toda costa para no ponerse más nervioso, pero ahora todos esos pensamientos salían a flote. Se imaginaba mil escenarios distintos, en los que Yoko le abofeteaba, en los que le besaba, en los que acababan en la cama. Cómo le gustaría que eso fuese así, que al verle se le tirara al cuello y acabaran en la cama, sin reproches, sin pasado, solo pasión. La echaba de menos.

Tras 20 minutos paralizado frente al portal, una señora abrió la puerta para salir, Kannen salió de sus pensamientos con cara de susto y ambos se quedaron mirando.
- ¿Vas a pasar? - dijo la mujer aguantando la puerta dubitativa.
- Ehhh... Excuse me? - Kannen levantó los hombros en señal de duda. 
La mujer le dedicó una media sonrisa, pensó unos segundos y luego dijo:
- ¿You... go in? - acompañó las palabras con señas, de modo que Kannen entendió a la perfección.
- Yes... yes please. - El chico asintió y como si se dirigiera hacia lo desconocido, entró en el portal.
Una vez dentro, Kannen miró a su alrededor. Vio los buzones y al fondo, el ascensor y la escalera. Volvió a sacar la dirección y ponía que Yoko vivía en el tercer piso, así que decidió coger el ascensor, pero antes miró los buzones, para asegurarse de que no se cumplía uno de los escenarios que se había imaginado, en el que un señor gordo y barbudo abría la puerta y le decía que esa tal Yoko se había mudado hacía tiempo. Por suerte, entre los buzones había uno en el que ponía "Yoko Gray". Había dos nombres más: "Erika O'Neil" y "Taika Lestreik". Por un momento quiso huir. ¿Y si le abría la puerta una de esas dos desconocidas? No sabía quienes eran, quizá ni siquiera hablaban su idioma. ¿Cómo iba a presentarse? Quizá Yoko les había hablado de él y no le dejarían entrar, alertándola a ella. Eso lo complicaría todo.
Kannen sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, empezó a dar vueltas por el portal, pensando en todo lo que podía salir mal. La mochila se le resbaló del hombro y cayó al suelo. Kannen se alertó por el ruido y cuando fue a recogerla notó una presencia detrás de él.
- ¿Kannen? - dijo una voz que le resultaba familiar a su espalda. La voz estaba entrecortada y Kannen se quedó petrificado.
- ¿Eres tu? - Kannen no tenía el valor de darse la vuelta todavía, pero tenía claro que era la voz de Yoko. Se notaba que estaba llorando y se estaba acercando a pasos lentos, con timidez o quizá con miedo. El chico seguía agachado, agarrando una de las asas de la mochila pero sin llegar a levantarla, mirando hacia el suelo con los ojos como platos y a punto de que las lágrimas brotaran de sus ojos.
- ¡¿Kannen?! - Yoko no podía soportar ese silencio. No tenía ni idea de qué hacía él allí. No sabía nada, acababa de llegar de su turno de mañana en la tienda y pensaba pasar la tarde de relax con Erika. Jamás hubiese imaginado abrir la puerta de su portal y encontrárselo allí.
Finalmente, Kannen se dio lentamente la vuelta, soltó el asa de la mochila y las lágrimas se le escurrieron por las mejillas. Yoko estaba tan guapa como siempre. Estaba de pie, frente a la puerta de entrada, mirándole con los ojos llorosos, mordiéndose el labio inferior, con los hombros caídos, ambos brazos totalmente en paralelo con el cuerpo y los puños cerrados. Kannen se dejó llevar y corrió hacia ella, la abrazó con todas sus fuerzas y Yoko... Yoko le devolvió el abrazo.


*Leer más sobre la historia de Yoko y Kannen*

lunes, 27 de junio de 2016

Lille despierta

Como todos los días después de llegar de clase y antes de subir a casa, Gally abrió el buzón y recogió el correo. Mientras esperaba al ascensor, se dispuso a mirar las cosas que había cogido: Factura, propaganda, más propaganda y ahí estaba, el papel que Annika llevaba días esperando con tantas ganas. Gally sonrió maliciosa mientras subía por el ascensor pensando si ocultaba el papel para gastarle una pequeña broma a su hermana o si se lo daba con un fuerte "¡sorpresa!" cuando llegara unas horas más tarde del trabajo.
Mientras hacía los deberes y esperaba por su hermana, se preguntó qué podría ser aquello que le mandaba su padre desde Japón. Debía ser algo importante, porque Annika no solía hacerle encargos a su padre cuando éste iba de viaje de negocios. Además, su padre lo había entendido, ya que se lo había enviado directamente desde Japón. No había esperado a llegar a Alemania para hacer el envío.
La curiosidad había llegado casi al límite cuando la puerta se abrió y Annika entró en la casa. Gally cogió el papel y corrió hacia ella gritando "¡sorpresa!". Annika la miró con una sonrisa en los labios y al ver el papel se lo arrebató enseguida de las manos:
- ¡¡Por fin!! Mañana antes de trabajar iré a por ella.
- ¿A por ella? - dijo Gally con los ojos como platos - ¿pero qué es, Annika?
- Ya lo verás, Gally, es impresionante y muy especial.
Poco más pudieron hablar antes de que llegara la hora de irse a dormir y Gally tuvo un montón de sueños extraños que no tenían mucho sentido.

Al día siguiente, Annika se levantó temprano para poder pasar por la oficina de correos antes de ir a trabajar. Al llegar vio que el paquete era muy grande y pidió que se lo llevaran a casa. Por suerte ese día solo tenía que dar un par de clases por la mañana, así que cuando Gally llegó a casa, se encontró con su hermana y un paquete enorme en el salón.
- ¿Ese es el paquete? - Gally miraba incrédula la enorme caja que había en el suelo. Annika había apartado la mesita de centro para hacerle sitio.
- Si, ¡estaba a punto de abrirlo! - Annika estaba entusiasmada. Cogió un cutter como si de un bisturí se tratara y se dispuso a cortar el celo que aguantaba ambas tapas de la caja cerradas. La chica empezó a sacar papeles, plástico de burbujas y finalmente sacó lo que parecía una especie de muñeca.
- ¿Una muñeca gigante? ¿Te has comprado una muñeca gigante? - Gally no daba crédito. Aun estaba bastante envuelta, pero tenía toda la pinta de ser una muñeca.
- ¿Qué? ¡No! No es una muñeca Gally - Annika soltó una sonora carcajada y sacó de la caja un pesado libro en el que se podía leer "Manual de instrucciones" en japonés.
- ¿Y entonces qué es? - Gally se moría de la curiosidad y empezó a quitarle el envoltorio para poder verla mejor.
- Es un ordenador personal, pero en forma humanoide. Cuidado, Gally, es muy frágil. - A Gally no pareció convencerle esa explicación.
- ¿Un ordenador personal en una muñeca? ¿Eso no es un robot? - Annika miró a su hermana y sonrió. Cerró el libro tras marcar la página que estaba leyendo y se puso a desenvolver el ordenador personal.
- Esta es Lille03, aunque la llamaremos Lille. Técnicamente tiene parte de robot, aunque su función principal es la de ser un ordenador. Puede conectar con internet y hacer las búsquedas que le pidamos, leernos nuestros e-mails y contestarlos, indicarnos una dirección, mantenernos informadas de las últimas noticias...
- ¿Pero cómo? ¿Tiene una pantalla? ¿Dónde se le enchufa el teclado? - Mientras Annika iba desenvolviendo a Lille03, Gally iba escudriñándola detenidamente, buscando cualquier cable o clavija.
- No, Gally. Lille habla. - Annika había acabado de quitar todo el plástico de burbujas y ahora miraba con una gran sonrisa el manual de instrucciones mientras palpaba la nuca de Lille. Se escuchó un pitido agudo y los ojos de Lille se abrieron. Gally se sobresaltó al ver que éstos brillaban. Ambas se la quedaron mirando mientras cargaba el sistema, expectantes.
- Konnichi-wa. Watashi no namae wa Lille desu. Donna goyou deshou ka? (Buenos días.Mi nombre es Lille. En qué os puedo ayudar?) - La voz de Lille era aguda, pero suave. Sus movimientos eran gráciles y delicados. Parecía una personita de verdad.
- ¿Konnichi-wa? (¿Buenos días?) - dijo Gally en cuanto salió de su asombro - ¿No tendría que ser Konban-wa (buenas tardes)?
- Debe tener mal la hora, tengo que configurarla. - Annika se puso a mirar el manual entusiasmada. Estaba deseando ponerse a probar los límites de Lille.
- Atashitachi wa supein-jin desu ka? (Sois españolas?) - Dijo Lille con una tímida sonrisa. Gally y Annika se miraron asombradas. ¿Había detectado por su cuenta el idioma que habían estado hablando?
- Iie, watashitachi wa doitsu-jin desu. (No, somos alemanas.) - respondió Gally con la boca abierta.
- Entschuldigen Sie mir, bitte. Ich kann auch Deutsch sprechen. (Perdonadme, por favor. También puedo hablar alemán.) - Lille cambió automáticamente de idioma sin ninguna dificultad. Gally y Annika no se lo podían creer.
- ¿Acaba de cambiar de idioma? - dijo Gally señalandola con los ojos como platos.
- Supongo que es como en un ordenador normal... - Annika se puso a pasar páginas del manual buscando el apartado de los idiomas, para ver si especificaba algo. - ... lo que no sabía era que el conversacional lo detectara a la primera.
- Warum sprechen Sie wieder auf spanisch? (Por qué habláis otra vez en español?) - Lille parecía confundida. Miraba a Gally y a Annika y no acababa de comprender por qué no usaban el idioma que le decían.
- Wir..  (Nosotras...) - Gally se quedó pensando. Realmente no sabía responder a esa pregunta. Desde que su hermana llegó habían estado hablando en castellano a pesar de que mientras vivían juntas en Alemania habían hablado en alemán o incluso en japonés. Quizá el hecho de que Annika necesitara practicar el idioma había sido un factor importante. - Wir sind in Spanien. (Nosotras estamos en España) - contestó finalmente Gally satisfecha.
- ¿Entonces preferís que hable en español? - dijo Lille tras una pequeña pausa en la que parecía estar haciendo cálculos mentales.
- Si, Lille. Por favor, háblanos en español. - era la primera vez que Annika se dirijía a Lille. Había estado mirando por encima el manual de instrucciones mientras Gally trataba de "configurar" el idioma. - Yo me llamo Annika y ella es mi hermana Gally.
- Encantada de conoceros. Necesito saber quién va a ser mi usuaria principal. - Lille parecía más animada. Gally se preguntaba si las expresiones faciales eran aleatorias o si estaban ligadas a las frases que decía.
- Yo seré tu usuaria principal - dijo Annika emocionada. Después de una conversación sobre el día, la hora, la conexión a internet, preferencias, las cuentas de las redes sociales e información para rellenar un perfil, Lille estaba configurada y lista para empezar.
Mientras Annika "jugaba" con su extravagante ordenador nuevo, Gally observaba desde el sofá. No parecía una máquina, era tan natural, tan viva.

jueves, 21 de enero de 2016

Planes

Mark cerró la puerta del apartamento y se quedó mirando a su amigo mientras dejaba sus cosas en el perchero. Kannen había perdido peso y cada día tenía las ojeras más y más oscuras.
- Deberías salir a que te diera el aire - Mark se acercó a Kannen, que miraba por la ventana como si esperara que algo ocurriera - en vez de pasarte los días observando el paisaje detrás del cristal.
Kannen se giró para mirar a su amigo y acto seguido se hizo un ovillo en el sofá como si de un gato se tratase.
- No puedes seguir en este plan - dijo Mark soltando un bufido - una de dos, o admites que la has perdido para siempre y sigues adelante, o vas corriendo a reconquistarla.
Kannen levantó levemente la cabeza, como si fuese a decir algo, pero no dijo nada.
- Todavía tienes pasta ahorrada de nuestro último bolo, no? - continuó Mark, decidido a ayudar a su amigo - Pues compras un billete de ida, te presentas con un ramo de flores y ¡zas!
El silencio fue su respuesta. Mark meneó la cabeza de un lado a otro en signo de desaprobación y continuó preparándose un sándwich.
- ¿Presentarme allí, sin más? - dijo Kannen en voz baja cuando Mark estaba a punto de meterle el primer mordisco a su sándwich. - Pero, eso no puede funcionar.
- ¿Cómo? - Mark masticó con prisas, tragó y entonces continuó - ¡claro que puede funcionar! Dime, ¿cuál fue el problema desde un principio?
- Que yo no me fuera con ella - contestó Kannen mientras se giraba hacia su amigo lentamente.
- ¿Pues entonces? - respondió Mark emocionado - si te vas con ella, ¡problema resuelto!
Kannen no acababa de ver clara esa solución. Por mucho que tuviese lógica para Mark, estaba el inconveniente de que ahora Yoko estaba más que enfadada con Kannen por no haberse ido con él desde un principio. Ni siquiera quería hablar con él por teléfono, ¿por qué iba a querer verle en persona? Por otro lado, no había nada que le atara ya a Londres. Había perdido las ganas por vivir y lo que un día había sido un inconveniente para irse, hoy no era más que un recuerdo del pasado.
Kannen se dio cuenta de que tenía mucho más ahorrado que el dinero de su último bolo, llevaba años ahorrando parte de su sueldo por si se le presentaba cualquier emergencia, por lo que podría comprar un billete de vuelta en caso de que Yoko lo rechazara con ahínco.

El joven se levantó torpemente del sofá, respiró hondo y cogió el portátil de su amigo para buscar billetes en oferta. Mark lo observó incrédulo, ya que llevaba meses deprimido y no podía creer que por fin hubiese dado con la clave para animarlo.

Después de varias horas, Kannen compró el billete y se dirigió a su cuarto a recoger sus cosas. Mark, perplejo, pausó el videojuego al que estaba jugando y cogió el portátil para ver la fecha. El billete era para la mañana siguiente.
- ¡Ey! Tío, ¿y qué pasa con el curro? - dijo Mark un poco preocupado.
- Le acabo de mandar un mensaje a mi jefe diciéndole que estoy enfermo - dijo Kannen desde su habitación - no me echará de menos por lo menos hasta que le llegue mi carta de dimisión, en caso de que el plan funcione.
Mark observó a su amigo mientras metía sus cosas en la mochila y no supo qué decir. De repente se dio cuenta de que le podría decir adiós para siempre y también, de que tendría que buscarse un nuevo compañero de piso. 

Por la mañana, Mark llevó a su amigo al aeropuerto y le deseó buena suerte.
- Mándame un mensaje para contarme qué tal te ha ido - dijo Mark mientras le pasaba la mochila a Kannen - ¿te has apuntado la dirección de Yoko?
- Si, gracias - Yoko no le había dado su dirección a Kannen por despecho, pero si se vio obligada a pasársela a Mark, ya que éste tenía que enviarle algunas de sus pertenencias por correo. - Solo espero que no se haya mudado y no te lo haya dicho.

En el avión, Kannen empezó a ponerse nervioso. Era una verdadera locura lo que estaba haciendo. Ni siquiera estaba seguro de cómo iba a llegar del aeropuerto hasta la casa de Yoko. No había tenido tiempo de mirarse mapas, ni sabía si el aeropuerto al que iba a llegar estaba cerca o lejos. Tampoco se había parado a pensar si su móvil iba a funcionar al llegar o si la gente le iba a entender. Se iba a un lugar del que apenas sabía nada, en busca de la mujer de su vida.

*Leer más sobre la historia de Yoko y Kannen*

[Scene 40] Hospital

*continuación del Scene 40 Sangre*

El sol brillaba y una suave brisa acariciaba el rostro de Taika. Se encontraba de pie sobre un precioso campo de amapolas, mirando al infinito. De fondo escuchó que alguien llamaba su nombre, se giró y vio a su madre a lo lejos, con su elegante túnica color crema y su fina tiara dorada sobre la cabeza que resplandecía con los rayos del sol. Taika empezó a andar hacia ella, respondiendo a su llamada. Poco a poco el paisaje comenzó a cambiar. Las pocas nubes que había en el cielo se fueron haciendo más grandes, más oscuras y espesas. El cielo se fue oscureciendo a cada paso que daba y las amapolas iban desapareciendo para dar paso a piedras oscuras y afiladas. Cada vez le costaba más llegar hasta su madre, que parecía estar en peligro. Ya no llamaba tiernamente su nombre, sino que gritaba desesperada al filo de un abismo. La chica, desesperada por llegar hasta su progenitora, quiso correr más rápido y se dio cuenta que no llevaba zapatos. Las piedras afiladas le estaban desgarrando los pies. Miró a su madre con lágrimas en los ojos, dándose cuenta que no podría alcanzarla a menos que se arrastrara y entonces su madre cayó al vacío. Taika gritó desesperada y entonces despertó.
Parpadeó unas cuantas veces y miró a su alrededor. Estaba tumbada en una cama que se encontraba en una habitación grande, con dos camas más, vacías. Casi no podía ver nada por la falta de luz, pero había una serie de artilugios a su alrededor que emitían sonidos y luces parpadeantes. Nunca había visto nada igual. También vio que tenía unas cuerdas finas que le salían del brazo y notó que tenía la herida del hombro vendada. No tenía fuerzas para levantarse de la cama y huír de aquel extraño lugar, se sentía atrapada.
De repente, la puerta se abrió y una mujer vestida de azul entró en la habitación. Llevaba unos papeles en la mano y los miraba distraídamente mientas se acercaba a Taika. La mujer estaba tan concentrada que no se había percatado de que la chica la observaba con los ojos abiertos como platos hasta que se dispuso a anotar su ritmo cardíaco.
- ¡Te has despertado al fin! - le dijo con una gran sonrisa. - Querida, estás en el hospital. Te encontraron unos excursionistas, ¿cómo te llamas?
Taika se quedó helada y no supo qué contestar. Era todo tan extraño y tan diferente al mundo que ella conocía que no sabía cómo debía comportarse. ¿Debía contar lo que le había ocurrido? ¿Habría alguien que pudiera ayudarla allí?
- Me llamo Taika - vaciló un instante, planteándose mil escenarios posibles - y soy del Reino de Ashê - dijo en voz baja.
- ¿De dónde dices? - la mujer de azul hizo una mueca y frunció el ceño, se cruzó de brazos y se quedó mirando a la muchacha esperando a que continuase.
- Del Reino de Ashê - repitió con voz firme - mis padres estaban en apuros, hice un conjuro y yo, bueno, fallé - resumió la chica esperando una reacción.
- Ahh ya veo - la mujer de azul sonrió, le acarició el pelo y continuó con sus tareas rutinarias - no te preocupes, el efecto de la anestesia se te pasará pronto. En un rato llegará el doctor.
Taika se quedó perpleja. La mujer de azul parecía no haberla creído y decía que vendría un médico a verla. ¿Acaso eso significaba que en ese mundo no existía la magia o simplemente no era la persona adecuada para contarle su historia?

*Leer más sobre la historia de Taika*

lunes, 10 de agosto de 2015

Descubrimiento inesperado

Desde que tengo memoria, mis padres, mis hermanos, mis tíos, mis primos... Todos me dicen que no me acerque a la desembocadura del río. ¿Por qué será? A los niños siempre nos obligan a quedarnos cerca del gran árbol, al lado de las cuevas. ¿De qué hay que tener miedo? No se trata de un animal salvaje, porque nos lo habrían advertido para que identificáramos su olor, igual que con los osos.
¿Qué puede ser?
Erika era una de las elfas más jóvenes del clan, pero también una de las más curiosas. La desembocadura del río era casi tabú para los miembros del clan. Nadie, bajo ningún concepto, debía acercarse a esa zona. ¡Y mucho menos los niños! Erika no podía dejar de pensar en que allí se ocultaba un gran tesoro, algo mágico, insólito y que merecía ser visto.
Una tarde, mientras sus padres habían salido de caza y sus hermanos pensaban que ella descansaba de un fingido dolor de estómago, se escabulló hábilmente sin ser vista para acercarse a la zona prohibida. No llevaba más que una capucha hecha de enredaderas para camuflarse entre la vegetación. Tras caminar durante bastante tiempo entre árboles, arbustos y maleza, por fin pudo divisar el mar a lo lejos. De repente, se quedó paralizada, sus sentidos empezaron a captar peligro por todas partes. Olía a humo, escuchaba voces, ruidos, sentía movimiento a su alrededor... Cuando por fin pudo reaccionar, se agachó lentamente, para no llamar la atención. No podía ver nada ni a nadie, pero si sentía que había seres cerca. Sabía que no eran elfos, porque no olían de esa forma, así que le entró curiosidad. Se acercó con cautela, para no ser detectada y por fin pudo ver un puñado de casas en la desembocadura del río. Pocas, pequeñas y muy juntas. La puerta de una de las casas se abrió y de dentro salió un hombre corpulento. Erika no podía verle bien la cara, ya que, a pesar de tener una muy buena visión, estaba bastante lejos. El hombre dió unos pasos hacia adelante y empezó a hacer una serie de estiramientos mientras contaba en voz alta. Al acabar, soltó una fuerte risotada y volvió a entrar en la casa para volver a salir segundos más tarde con una lanza en la mano. Tras él salió una mujer, que le abrazó por detrás con fuerza. Erika pensó que parecía muy triste. El no le devolvió el abrazo, simplemente esperó a que ella le soltara y andó hacia la orilla del río, donde había una especie de embarcación pequeña. Erika se quedó mirando a la mujer, que parecía estar llorando por dentro. El hombre empujó la embarcación hacia el río y le dijo algo a la mujer que Erika no pudo oír. Acto seguido se subió encima con la lanza y un remo. La mujer le decía adiós con la mano, pero él no la podía ver, ya que se dirigía a la desembocadura del río.
Erika estaba desconcertada, pero también fascinada. ¿Quienes eran? Pero más importante aun ¿qué eran? Sus rasgos no eran delicados, como los de los elfos de su clan o de otros clanes que había visto en su corta vida. Su ropa tampoco era como la suya. No eran iguales, eran diferentes.
Cada segundo que pasaba mirando cómo la mujer se despedía del hombre, que iba desapareciendo en el horizonte, Erika sentía más curiosidad. No podía acercarse más, porque podría ser peligroso. Al fin y al cabo, todos le habían advertido que no debía acercarse a esa zona. ¿Pero por qué? Parecían totalmente inofensivos. Debía conocer la verdad.
Erika volvió al gran árbol, donde vivía su clan y donde nadie había notado su ausencia. Sus hermanos, escandalizados al escuchar su historia, le prohibieron terminantemente volver a acercarse a aquellos bárbaros y le recomendaron encarecidamente que no le contara nada a sus padres, si no quería sufrir las consecuéncias.
- ¿¡Cómo se te ocurre violar todas las normas!? - le dijo su hermano mayor
- Si, ¿es que no sabes que si te decimos que no vayas por ahí es por tu bien? - su hermana mediana también estaba preocupada.
- ¡Podrían haberte capturado! - continuó su hermano mayor - ¡hasta podrían haberte matado!
- O a saber qué más, ¡no quiero ni pensarlo! No vuelvas a acercarte a ellos jamás - insistió su hermana mediana.
- Pero no parecen peligrosos, solo diferentes. - replicó Erika.
Sus hermanos, horrorizados por la nula capacidad de Erika por detectar el peligro, siguieron insistiendo en que no volviera a acercarse a esa zona, pero sin darle un ejemplo, una razón convincente o una explicación clara de lo que eran esos seres.

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[Erika]

Erika es una elfa que vive de incógnito entre los humanos. Tiene nada más y nada menos que 1.515 años, pero ella se hace pasar por una chica de 18 años, que es la edad que aparenta. Siempre ha sentido una extraña fascinación por los humanos y desde bien jovencita tuvo claro que quería estudiarlos, vivir entre ellos y examinarlos de cerca. Le parecían rudos y peligrosos, pero quería saber por qué se comportaban de esa forma. Ha vivido mil y una aventuras y ha conocido a un montón de personajes curiosos, ¡incluso famosos!
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domingo, 19 de julio de 2015

Atrapada [Taika]

Taika es una maga de un universo paralelo que tras un conjuro fallido se haya atrapada en este mundo. Vive buscando la manera de poder volver, ya que acababa de estallar la guerra en su país y necesita ir en ayuda de su gente. Nadie, aparte de Erika, conoce su verdadera identidad.
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