jueves, 21 de enero de 2016

[Scene 40] Hospital

*continuación del Scene 40 Sangre*

El sol brillaba y una suave brisa acariciaba el rostro de Taika. Se encontraba de pie sobre un precioso campo de amapolas, mirando al infinito. De fondo escuchó que alguien llamaba su nombre, se giró y vio a su madre a lo lejos, con su elegante túnica color crema y su fina tiara dorada sobre la cabeza que resplandecía con los rayos del sol. Taika empezó a andar hacia ella, respondiendo a su llamada. Poco a poco el paisaje comenzó a cambiar. Las pocas nubes que había en el cielo se fueron haciendo más grandes, más oscuras y espesas. El cielo se fue oscureciendo a cada paso que daba y las amapolas iban desapareciendo para dar paso a piedras oscuras y afiladas. Cada vez le costaba más llegar hasta su madre, que parecía estar en peligro. Ya no llamaba tiernamente su nombre, sino que gritaba desesperada al filo de un abismo. La chica, desesperada por llegar hasta su progenitora, quiso correr más rápido y se dio cuenta que no llevaba zapatos. Las piedras afiladas le estaban desgarrando los pies. Miró a su madre con lágrimas en los ojos, dándose cuenta que no podría alcanzarla a menos que se arrastrara y entonces su madre cayó al vacío. Taika gritó desesperada y entonces despertó.
Parpadeó unas cuantas veces y miró a su alrededor. Estaba tumbada en una cama que se encontraba en una habitación grande, con dos camas más, vacías. Casi no podía ver nada por la falta de luz, pero había una serie de artilugios a su alrededor que emitían sonidos y luces parpadeantes. Nunca había visto nada igual. También vio que tenía unas cuerdas finas que le salían del brazo y notó que tenía la herida del hombro vendada. No tenía fuerzas para levantarse de la cama y huír de aquel extraño lugar, se sentía atrapada.
De repente, la puerta se abrió y una mujer vestida de azul entró en la habitación. Llevaba unos papeles en la mano y los miraba distraídamente mientas se acercaba a Taika. La mujer estaba tan concentrada que no se había percatado de que la chica la observaba con los ojos abiertos como platos hasta que se dispuso a anotar su ritmo cardíaco.
- ¡Te has despertado al fin! - le dijo con una gran sonrisa. - Querida, estás en el hospital. Te encontraron unos excursionistas, ¿cómo te llamas?
Taika se quedó helada y no supo qué contestar. Era todo tan extraño y tan diferente al mundo que ella conocía que no sabía cómo debía comportarse. ¿Debía contar lo que le había ocurrido? ¿Habría alguien que pudiera ayudarla allí?
- Me llamo Taika - vaciló un instante, planteándose mil escenarios posibles - y soy del Reino de Ashê - dijo en voz baja.
- ¿De dónde dices? - la mujer de azul hizo una mueca y frunció el ceño, se cruzó de brazos y se quedó mirando a la muchacha esperando a que continuase.
- Del Reino de Ashê - repitió con voz firme - mis padres estaban en apuros, hice un conjuro y yo, bueno, fallé - resumió la chica esperando una reacción.
- Ahh ya veo - la mujer de azul sonrió, le acarició el pelo y continuó con sus tareas rutinarias - no te preocupes, el efecto de la anestesia se te pasará pronto. En un rato llegará el doctor.
Taika se quedó perpleja. La mujer de azul parecía no haberla creído y decía que vendría un médico a verla. ¿Acaso eso significaba que en ese mundo no existía la magia o simplemente no era la persona adecuada para contarle su historia?

*Leer más sobre la historia de Taika*

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